Investigadores UNAB desarrollan proyecto colaborativo con Instituto de Miología de la Universidad Paris 6

El proyecto conjunto entre el Laboratorio de Disfunciones Musculares, Fragilidad y Envejecimiento de la UNAB junto al prestigioso instituto francés apunta a desarrollar terapias para enfermedades musculares.

“En un mundo globalizado el carácter universal del conocimiento surge del intercambio permanente entre grupos nacionales e internacionales”, señala el sitio web del Programa de Cooperación Internacional de CONICYT. En torno a esta idea es que se desarrolla el Programa ECOS-CONICYT, iniciativa de colaboración científica que promueve y financia el intercambio académico de excelencia entre Chile y Francia. ECOS-Sud es la contraparte francesa de este vínculo, enfocada en la cooperación con países del Cono Sur.

En este contexto, el Laboratorio de Disfunciones Musculares, Fragilidad y Envejecimiento de la Facultad de Ciencias Biológicas, dirigido por el Dr. Claudio Cabello (en la foto), se encuentra en las fases iniciales de un proyecto bilateral con el Instituto de Miología de París. Gonzalo Córdova, chileno residente en Francia, es investigador del equipo Regeneración, Fisiopatología y enfoques terapéuticos en dicho instituto, y el primer investigador visitante en este proceso de colaboración.

El germen de este proyecto surge el año 2015, cuando Claudio Cabello asistió a un congreso en París, donde junto a Gonzalo Córdova encontraron varios puntos en común en sus respectivas líneas de investigación. “Escribimos este proyecto con dos ejes”, dice Córdova. “Un eje son los resultados que Claudio ya ha obtenido en ratones, y probarlos en nuestras células humanas. El otro es probar el sistema angiotensina, en que Claudio es experto y ha trabajado varios años en eso, en la patología que nosotros estudiamos: la distrofia muscular óculo-faríngea. En eso consiste el ECOS en líneas generales; por un lado Claudio trae sus competencias del sistema renina angiotensina, y nosotros traemos las competencias de nuestro trabajo con células humanas.”

“En nuestra línea de publicaciones hemos obtenido evidencias experimentales en modelos animales, y este es el primer gran salto que queremos dar para empezar a hacer pruebas en modelos humanos”, agrega Claudio Cabello. “Una de las gracias de este proyecto colaborativo es que va a permitir llevar aquello que es un poco etéreo a algo más tangible, y acercarlo cada vez más a lo que puede llegar a ser una terapia real.”

Estableciendo bases para un trabajo en conjunto

Esta primera parte del proyecto se centra en compartir la experticia. El equipo francés conocerá en Chile las herramientas y la molécula con que trabaja el Dr. Cabello; cómo se trabaja con ella y cómo puede ser administrada. “Los modelos que utilizan ellos son distintos a los nuestros, entonces hay que ver todas las compatibilidades y el mejor formato para trabajar con la angiotensina (1-7). La idea de que nosotros vayamos posteriormente a Francia es adquirir y compartir la experticia de ellos, que es la terapia celular, y las herramientas que no manejamos acá”, dice el investigador de la UNAB.

“Para nosotros es muy importante este proyecto, porque nos está diciendo que vamos en la vía correcta y que, pese a no ser un laboratorio grande, estamos siendo reconocidos a nivel internacional en el trabajo muscular; que lo que estamos haciendo es llamativo y va en una dirección clínica correcta“, recalca.

Estos nexos iniciales también se extienden a otras líneas de investigación que se desarrollan en la Universidad, como el trabajo con nanopartículas que realiza el Centro de Bioinformática y Biología Integrativa, dirigido por el Dr. Danilo González-Nilo. “Nos interesa bastante, porque es una competencia que no tenemos. Hace bastante tiempo que pensamos en trabajar con nanopartículas, y nadie en el Instituto lo hace por el momento”, puntualiza Gonzalo Córdova.

Así, en este primer año del proyecto se exploran los cruces entre ambos sistemas y se elaboran las directrices para las etapas siguientes. “Ya tenemos resultados que indican que todo iría hacia lo que habíamos esperado. Nuestras hipótesis están en vías de confirmación, lo que ya nos da más ganas y más ímpetu de seguir con esto porque pueden salir resultados muy buenos”, apunta Córdova. El investigador explica que si la molécula en cuestión muestra un interés clínico, ya existen las condiciones para hacer ensayos y montar una terapia génica de manera expedita con los pacientes y médicos con que cuenta el instituto, situado en el hospital Pitié-Salpêtrière, el más grande de Europa.

Importancia del trabajo colaborativo

Dado que ECOS financia únicamente los viajes de los respectivos investigadores, apoyando así el montaje inicial de los proyectos, la idea es luego postular de manera conjunta al financiamiento de la investigación en sí, una vez que se tengan avances y publicaciones que la sustenten.

Gonzalo Córdova subraya la importancia de este tipo de colaboraciones. Explica que una gran parte de los investigadores desarrollan ideas haciendo todo el trabajo por su cuenta, lo que resulta más caro y más lento. “El tratar de buscar personas que ya manejan ciertos conocimientos o competencias hace que la investigación sea más rápida, más eficiente, y que finalmente se consigan resultados que pueden llegar a clínica mucho más rápido”, explica.

Como parte de su estadía, Córdova participará en una clase de magíster donde compartirá con los estudiantes, transmitiéndoles parte de su experiencia y mostrándoles cómo es hacer ciencia fuera de Chile, qué significa, sus ventajas y desventajas. “Yo estuve sentado donde están ellos ahora”, concluyó el investigador.

Fuente: Noticias UNAB.

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